domingo, 5 de octubre de 2008

De casualidades y causalidades sexuales


Ayer platicaba con una amiga mis aventuras y desventuras y todo. Entre las chocoaventuras le conté la del post pasado (Que muchos se persignaron y me criticaron (Pinches mochos puritanos)) y entonces le dije que era una historia muy larga y se la conté, pero me dí cuenta que es una historia muy posteable, entonces aquí estoy.

A Iván (con acento) lo conocí hace algunos años en el Puerto (No, no es Veracruz) por pura casualidad.

Cuando me tocó hacer el servicio social en el bachillerato el nepotismo se hizo presente pues lo hice en el Aeropuerto en el departamento donde trabajaba un tío mío. Al principio yo bien cumplidor iba todos los días a hacer mi trabajo, pero un día mi tío me dijo que si no quería ir algún día que no fuera, que no había problema. ¡Y que le tomo la palabra! Pero no era un día, era más bien una semana o un mes el que me ausentaba.

Yo vivía muy cerca del aeropuerto así que podía irme caminando pero estaba yo en una calentura de usar para todo los patines entonces a veces me iba patinando. Mi perdición llegó un día que quería ir al aeropuerto pues ya hacía como 3 semanas que no me aparecía, pero al pasar cerca de un fraccionamiento donde hay casas según nice y de gente gringa me detuve y como casi no transitaban carros pues estaba bien chido para patinar.

Ahora casi todas las tardes me iba a Bacocho (así se llama el fraccionamiento) a patinar, pero yo le decía a mi papá que me iba al servicio y entonces esa era mi cuartada.
En uno de esos días iba yo a que me firmaran mi no-se-qué-bimestral-del-servicio-social y no llevé los patines. Cuando iba caminando cerca del fracc ese me dio flojera llegar al aeropuerto y me fui a caminar y esta vez llegué hasta la playa y ahí me quedé un buen rato.

Ya cuando era mi hora de salida del Servicio Social (já) mientras caminaba de regreso me topé con un tipo de más o menos mi edad que estaba bien simpático. Nos vimos cuando pasamos uno enfrente de otro y pues ya; más adelante volví la mirada y seguí caminando, luego más adelante voltée y él volteó, nos vimos a lo lejos pero seguimos caminando, luego otra vez, pero esta vez el se volteó y caminaba hacia mí, entonces como que me entro el miedo y caminé más rápido. (que tal que venía a decirme "Pinche puto, ¿qué me ves?" Uno nunca sabe) Y pues ya no me alcanzó. ¡Y ya!

Otro día iba en patines y lo vi de nuevo, pero él iba en bicicleta, entonces (intencionalmente) nos encontrábamos a cada rato, pero sólo nos veíamos y nada más. Y así fueron varios días en los que yo pasaba por donde nos habíamos encontrado sólo para encontrarnos de nuevo.

Uno de esos tantos días en que yo patinaba cerca de "ese lugar" iba muy tranquilamente por las calles, y de repente... ¡Bolas! Me caí en un bache enorme sin darme cuenta porque iba baboseando para otro lado a ver si veía al "desconocido de las miradas" ¡Verga! me raspé cabronamente la rodilla y me lastimé la otra pierna por pendejo. Entonces casi arrastrandome me senté en la banqueta y estaba esperando que el dolor pasara mientras me ponía los tenis y guardaba los patines, en eso alguien me dijo.

- ¿Estás bien? ¿Qué te pasó?- Era él, jejé. Las primeras palabras.
- (¡Pendejo no ves!) Sí, gracias estoy bien -Le dije, obvio no podía ponerme a llorar y decirle que me dolía un chingo. así que me hice el macho.
- Déjame ayudarte, ahorita vengo- dijo y se fue.
Entonces pensé que vivía cerca, y pues sí. Como a los 5 minutos regresó con algodón y alcohol y me limpió la raspada mientras me decía.
- ¿Cómo te llamas?
- ¡Eeeeh! Me llamo gz, ¿y tú?
- Me llamo Daniel. ¡Mucho Gusto!
- Mucho gusto también, gracias por ayudarme -Y de repente uno que otro "ouch" y "ayy" por el dolor, pero acuérdense que me estaba haciendo el macho.
- No te preocupes, ¿Quieres venir a mi casa? Vivo muy cerca de acá.
Yo no sabía qué decir, ¿qué tan indecoroso suena eso? sobre todo después de sólo haber estado intercambiando miradas y una que otra sonrisa de vez en cuando y ahora tener la oportunidad de ir, y siendo un perfecto extraño.
- Bueno -dije, sin más ni más.
Ya en su casa, como que el tema de las miraditas no le importaba a nadie y como si lo conociera de hace mucho tiempo platicábamos y jugábamos Scrabble y Monopoly.

Así eran las tardes a partir de ese momento. ¡A la chingada los patines!¡a la chingada el servicio! y pues ahora sólo iba a su casa a jugar scrabble y monopoly. Sólo eso. Scrabble y monopoly, ¡sí! hasta que los juegos ya no eran tan inocentes y no eran precisamente juegos de mesa (já). La historia de por qué vivía ahí y por qué no estaban sus padres nunca la supe, o si la supe ya la he olvidado, porque no es importante y menos en este relato.

Tiempo después cuando ya había terminado mi servicio social y él ya vivía en otro lugar (lejos de mi casa) por tanto no-tan-visitable como antes, me lo encontré en una tienda de regalos, en donde me presentó al encargado (Iván(con acento(su amigo))) y yo como todo caballero que soy le dí la mano y nos saludamos. Pero su mirada me causó una extraña impresión. Una extraña complicidad con Daniel.

Después de unos meses Daniel me dijo que se iría a vivir a Querétaro con sus papás (La ocupación de ellos tampoco la recuerdo) y ya no lo volví a ver. Nunca nos dimos correos electrónicos, ni números de teléfonos, ni nada. simplemente desapareció, y yo para él.

Un día mientras pensaba en él y caminaba por la tienda de regalos donde trabajaba Iván decidí pasar para preguntarle qué sabía de Daniel pero Iván ya no trabajaba ahí. ¡Ni modos! Pensé. Creí que de plano como dije ¡había desaparecido! Pero al salir de la tienda me lo encontré.

Resultó que él no sabía más de lo que yo sabía de Daniel, entonces no fue de gran ayuda. Ese mismo día platicando en el muelle me enteré que Iván también jugaba scrabble, monopoly y otras cosas también con Daniel así como yo. Y yo le dije que yo también. Entonces pues ¡qué chinga! Comenzó una historia dónde los que jugábamos eramos nosotros, él y yo. ¡Así de fácil y sencillo mis estimados lectores, sin más ni más!

Y así fue. De repente ya estando los dos acá en Oaxaca nos hablábamos para ir por un café o ir a jugar scrabble, monopoly y otras cosas.

¡Y ya hace más de un año que no jugábamos nada! Hace unos días me habló y claro ¡De vez en cuando se antoja jugar scrabble! ¿qué no?

6 comentarios:

Anónimo dijo...
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Luthien dijo...

Jajaja pssss quiero ir a Puerto Escondido no conozco allá

No soy fans del scrabble pero si del uno jajajaja

Nelly dijo...

Que historia!!!! che wey que andabas viendo para que te cayeras así o fue plan con maña.....así que ahora ya no me reclamaras por dejarte solo aquel día... sigue jugando y disfrutando de el.
besos

Abbita dijo...

yo tambien quiero jugar Scrabble...

u.u

saludos

Luicho dijo...

Oshhhh en mi país para esas ocasiones se juega a policias y arrestados y pess siempre el arrestado va a las duchas y que se le cae el jabon... Opss

Jobsky dijo...

Solo por si las dudas aclaro que mi comentario en el post anterior fue en tono de broma.