domingo, 7 de octubre de 2012

Apego

Dejé de trabajar un momento y comencé a ver por la ventana. Hace un sol maravilloso allá afuera y un airecito frío (esa combinación es mi clima favorito). Me puse mi chamarra y tirité un poco. Empezó a sonar One more summer de No doubt y de pronto me cayó una cubetada de realidad bien fría que me hizo tiritar más. Y ahora estoy acá escribiendo estas líneas en mi blog como si estuviéramos en 2009.

Odio los domingos.

Los domingos no tengo nada mejor que hacer que trabajar. No está bien. Por donde se le vea. No es que sea un workaholic sin remedio. No es que me "negreen". Es que es lo único que me ayuda a no pensar demasiadas cosas que, si lo hiciera, indudablemente me llevarían a deprimirme (más).

Estos últimos días que han sido raros, feos y complicados, sólo estando con mis amigos me siento bien (aunque a veces me autosaboteo y creo dramas de la nada y cuestiono cosas que no).  Y el domingo, que es el único día que no los veo, me cuesta trabajo pasarlo con mi soledad y entonces decido trabajar. Es mi vía de escape. Mi motivo dominical.

No está bien. Pero no sé cómo lograr un "reencuentro conmigo"(¿se entiende esto?). Cómo lograr que los domingos sean un día mas. Un día en el que dormir mucho signifique que estaba cansado o que tenía mucha flojera simplemente y no un síntoma de la depresión. Una señal de que nada me importa y por eso sólo quiero dormir.

domingo, 5 de febrero de 2012

Post número 400: Sueño de espantos

Estaba con mi mamá en algún lugar que no conozco pero que se suponía era la casa de mis abuelos porque por dentro todo parecía como casa de abuelos estándar, con fotos viejísimas de ellos y sus hijos en las paredes y muebles antiquísimos bien cuidados y forrados con plástico para que no se "echara a perder" el terciopelo rojo de los sesentas.

Bueno, el caso es que (entre tantas más incoherencias de mi sueño) tenía el poder de volar (jijiji)) y usaba mis fantásticas habilidades para hacer cosas bien intrépidas como limpiar las ventanas del segundo nivel, o quitar las telarañas del techo, porque la casa de mi abuelos era de esas que los tenían altísimos no sé por qué. Pero ps todas las casas viejitas son así, entonces pues ustedes entienden de lo que hablo.

Total que mi mamá me puso a quitar las cornizas (o los balcones) que eran casi lo mismo. Que se estaban cayendo y ps podía haber accidentes. Porque creo que la casa se iba a vender o algo parecido. Pues así lo hice. empecé a retirar todo el piso del balcón que estaba dañado que era casi todo y aparte se desprendía fácilmente y me daba como cuscús de imaginarme que alguien se cayera ahí porque eran como cuatro metros al suelo.

Ya, ya viene la parte de espantos...

Abrí la ventana para poder limpiar mejor y descubrí una estancia bien padre y completamente cuidada. Como si estuviéramos en los 50's. todo limpio pero igual con decoración marca abuelita. [Yo tenía un "mal augurio" porque esta casa espuria de mis abuelos estaba muy rara. Y además no era la casa de mis abuelos que yo conocí]. Pues limpiando estaba, cuando en eso por la parte de atrás de una cortina vi pasar una sombra malévola que me sacó de onda. Y le dije a todos y no me creyeron y me dijeron que siguiera limpiando.

Como yo soy bien obediente pues seguí limpiando. ¡Y que se cae un cuadro! Pero me hice el que no vio nada (por eso de que los fantasmas fueran como los perros y olieran tu miedo). Y seguía en lo mío. Luego que se cae otro y luego que veo otra sombra y yo ya estaba bien ciscado y no podía limpiar bien ni concentrarme porque las cortinas se movían sin razón y no había viento y luego vi una sombra como de una mano saliendo de detrás de un sillón y al mismo tiempo sentí que una mano me agarraba de la pierna y ¡sopas! que me asusto tanto que me caí y no pude volar más (jijiji).

Nadie parecía creerme y me dijeron que estaba espantado porque mis abuelos habían muerto hace poquito y pues que los extrañaba y así. Entonces me dijeron que fuera a la cocina a tomar agua pa'l espanto y que les hago caso y que entro a la casa. Y que veo más sombras por todos lados y cosas que se movían y me asusté mucho y salí corriendo y gritando. Y tómala que cuando salgo de la casa ya no había nadie afuera. Es más, ya todo era distinto.

Me entró la ansiedad y corrí por todos lados y nada era como antes. Es como si al salir de la casa hubiera salido a 1950 y me daba mucho miedo saber que estaba en una época donde no conocía a nadie y nadie me conocía y nada era como yo lo conocía y me entraba el no-se-qué y me moría de tristeza y las sombras estas malas venían por mí para llevarme a sabe-dónde. Y pues ya

Saquen los diccionarios de los sueños, córranle.

domingo, 27 de noviembre de 2011

La bolsita de té

Ayer me preguntaba dónde debía ir una bolsita de té cuando se desecha. Si en la basura orgánica o en la inorgánica. La respuesta obvia que me di (y me dieron) fue que había que romper la bolsita, tirar el resto de té en la orgánica, y la bolsita, el papel y el hilito en la inorgánica. Ps sí, ¿no?

Luego en tuíter pregunté qué debía hacer cuando tenía flojera. Que si era más apropiado echarla en la inorgánica o la orgánica. La respuesta de algunos fue que en la orgánica porque al final de cuentas el papelito, el hilito y la bolsita eran biodegradables y que al paso de los años se deshacen y blablablá. Porque si la echábamos en la inorgánica "contaminaríamos" con el resto del té todo y sería más difícil reciclar. Otros me dijeron que en la inorgánica que total nadie separaba la basura y otros me dijeron que no fuera flojo.

Pensando en la primera respuesta llegué a la conclusión que siempre, toda la vida lo hemos estado haciendo mal, que las campañas del gobierno y de los grupos ambientalistas no han servido para nada y que nos vamos a morir todos por cochinotes. Porque no basta con separar la basura en orgánica e inorgánica sino que hay que separarla ya "limpia" para no contaminar todo y hacer un desmadre ontológico de basuras.

Las latas vacías de atún las tiramos en la inorgánica, el cartoncito de leche vacío también, el tetrapack del puré de tomate también. Pero ¿cuántos de nosotros los desechamos limpios? Es el mismito caso del té y me dicen flojo por no romper la bolsita. Y meh!

Pero ái viene la otra cuestión.

Tengo una amiga bien chaira que enjuaga todos los envases, latas, cajitas y botellas que va a tirar en la basura inorgánica. Eso es perfecto ¿no? Una persona ejemplar que no entrega su basura inorgánica ni pegajosa ni apestosa. Peeeero, ¿cuánta agua necesito para tal acción? No para enjuagar su latita vacía de sardina sino para enjuagar todas las latitas vacías de sardinas que ha desechado en su vida.

¿Qué es más válido? ¿Contaminar la basura inorgánica dejando restos de comida en ella o gastar mucha agua en la labor de "limpiarla" antes de deshecharla? Opinen.

miércoles, 26 de octubre de 2011

Descubrimiento inútil del día No 1

¡No mamen!

Vuelvan a leer su blog completito (o hasta donde aguanten). Van a ver qué bonito resulta como un ejercicio personal de recordar, tristear, alegrarse y volver a vivir chingos de cosas que a veces ya ni están presentes pero pasaron y en el momento fueron importantes (o no) como para escribir de ellas.

miércoles, 21 de septiembre de 2011

Entre lo correcto, lo fácil y lo cómodo

Nunca he entendido por qué, en el metro,  la gente se mete a los vagones que van más llenos (los de en medio) pudiendo caminar un poco más a los primeros o los últimos que generalmente van más vacíos. No se trata ya a estas alturas de encontrar lugar sino de viajar cómodo. Libre de apretones y con  gente horrible y gente apestosa


Nunca he entendido por qué la gente es masoquista con asuntos tan sencillos como comprar boletos en el metro. Están acostumbrados a comprar UN solo boleto y hacen una cola como de 20 personas CADA DÍA, A CADA RATO para tal. ¿Por qué no comprar de varios de una sola vez? ¿Por qué? Tan sencillo que es comprar de a varios, ¡por lo menos dos! Que al final, toma la misma cantidad de tiempo y se evitan así filas enormes, pérdida de tiempo y agotamiento. Aplica para el metrobús también.


Nunca he entendido a aquellos ciclistas que consideran más fácil ir por el lado del ciclocarril donde están que por el que es correcto, estorbando, pitando( claoneando, ringrineando o cómo se diga) y desesperando aunque sepan que son ellos los que van en sentido contrario y que está mal. O aquellos que van por la banqueta, ringrineando también como si de ellos fuera. ¡La banqueta es de los peatones!


Nunca he entendido a aquellos peatones super maleducados que se cruzan por donde no se debe o que caminan por el ciclocarril y se enojan cuando los ringrineas como si la culpa fuera de uno.


Nunca he entendido a aquellos tipos horribles que van del lado de las mujeres en el metrobús y se hacen los dormidos cuando una mujer les reclama. Aunque tampoco entiendo por qué, después de muchos años sigue habiendo esa división. O en el metro. O los RTPs exclusivos de mujeres; sinónimo de que la lucha por la equidad de género no ha servido de nada.


Nunca he entendido a la gente que hace lo incorrecto porque es más fácil o lo más fácil aunque no sea lo más cómodo.