lunes, 19 de octubre de 2009

Mi trauma con las agujas

Hace un par de años descubrí la raíz de un trauma que –casi- siempre he tenido: miedo a las agujas, inyecciones y todo tipo de objetos punzo cortantes de punta muy fina.

Estaba estudiando en casa de un amigo. Él sacó una jeringa de su empaque y como si fuera dardo trataba de ensartarla en una manzana que estaba a mi lado. La escena me puso de nervios sin saber por qué. Me daba mucho miedo que no le atinara y la aguja se me clavara a mí, o no sé qué pero me asusté mucho. Le dije que se detuviera, pero no me hizo caso, y mientras veía cómo la manzana era clavada, a mi mente venían recuerdos que en un principio parecían ajenos, o vistos en alguna película, pero no. Era algo real. Algo que mi memoria había olvidado por alguna razón.

Cuando estaba por entrar a la secundaria, el día de mi cumpleaños, me puse muy muy mal del estómago. No pude comer lo que me habían preparado para la cena. Ni el pastel. Me fui, después de tomarme un té, directo a la cama. Días después, mientras dormía, mi estómago me empezó a doler mucho y tenía fiebre.

Desperté a mi papá. Me dio una pastilla y me dijo que me fuera a dormir, que al otro día iríamos al médico. Pues no pude hacerlo, mi temperatura subió más y tenía alucinaciones bien gachas. Sentía que había gente alrededor de mí, volando, caminando y entrando por la ventana. Quise levantarme pero ya no pude moverme, me sentía muy mal. Recuerdo haber gritado y fue así como se dieron cuenta de que yo ya andaba colgando los tenías. Decía muchas incoherencias y seguía viendo gente. Mi papá pidió un taxi y me llevó al hospital. Me tuvo que cargar porque yo no podía moverme. En el transcurso del taxi, la gente de las alucinaciones me seguía acompañando.

Llegamos al hospital donde me atascaron de medicamentos que funcionaron de manera temporal y pude dormir. Al otro día me sentía muy mal de nuevo y me llevaron a otro hospital, donde me dijeron que lo que tenía era apendicitis. Había que operarme en ese preciso momento porque ya estaba muy grave y que si hubiera llegado un poco más tarde, no la contaba.

Recuerdo después haber despertado en una habitación, con un bote de suero en el brazo y mi mamá durmiendo a mi lado. Que no sé cómo llegó tan rápido porque yo estaba en Puerto Escondido, de vacaciones con mi papá. Bueno, pasaron 15 días eternos que estuve en el hospital comiendo pura cosa sin sabor y ya.

Todo eso, lo recordaba muy bien, lo que se mantenía oculto es lo que pasó unos minutos antes de la cirugía. De pronto, no sé cómo, desperté en el quirófano sin saber por qué estaba ahí. No sé qué es lo que me inyectaban los doctores en el brazo, pero me asusté mucho. Por todo en general. Por estar rodeado de médicos, por ver una enorme luz encima de mí y traer yo una bata blanca; y comencé a poner resistencia y gritar. Las enfermeras me tuvieron que agarrar fuerte por los brazos, pero no funcionaba. Terminaron amarrándome a algo para que no me moviera y seguían inyectándome los brazos. Aún a pesar de que estaba amarrado me seguía moviendo y poniéndome duro. Una y otra vez me inyectaban hasta que me di por vencido. La anestesia funcionó.

Y bueno. Ese el recuerdo que vino esa vez a mi mente. Creo, que esa debe ser la raíz de ese miedo que le tengo a las inyecciones, porque fue a partir de mi operación que empecé a tenerles pavor. Porque recuerdo que cuando era niño no era tan puto pa’ eso.

Ahora puedo decir que ya superé el trauma, pues cuando me lastimé mi dedo y se infectó ¿se acuerdan? me recetaron unas inyecciones, y no puse ninguna resistencia para que me las pusieran. O tal vez acepté por miedo a que se me cayera mi dedo. Sniff.

7 comentarios:

Borchácalas dijo...

A cualquiera le daría pavor después de eso. A mi me dan cosa.

Abbita dijo...

=S

a mi tambien me dan miedo, digo cuando van a mi cuerpo jajaja como dicen farol de la calle oscuridad de tu casa xD

como cuando me queme y la enfermera de dio 8 piquetes porque no me encontraba la vena para canalizarme =(

Pablo Cabañas dijo...

¡POTENCIA!

A mi no me da miedo cuando sea en el brazo, porque cuando es en las partes posteriores, eso sí que da miedo (y vergüenza)...

:S

Jaime Rivera dijo...

Yo pensé que ibas a contar que te había sucedido algo que vi en la televisión en el canal de la salud de Discovery. Hay ciertas personas a las que las anestesian mal y quedan paralizadas y ¨dormidas¨ pero en realidad sienten todo y sólo no pueden moverse. Eso debe ser la peor pesadilla de cualquier persona. Imagínate sentir que te están cortando y moviendo todo en tu interior y no poder hacer nada porque ellos piensan que estás dormido. Afortunadamente ese no fue tu caso.

Dr. Dulcamara dijo...

Yo no tengo problemas en ser inyectado, de hecho no le temo a las agujas.. lo que no soporto es ver cuando la aguja perfora mi piel, eso me da ñañaras, así que mejor me volteo para el otro lado.

Saludos

La Maga dijo...

El trauma post quirúrgico nos deja con un poco de aprensión hacia objetos punzantes como tijeras, cuchillos, dijes y colgantes en forma de puntas de flecha, etc.

((Ya pasará, ahora que lo has traído a la Consciencia))

Un beso

Fabiola dijo...

Uy que miedo despertar en el quiròfano.