He descubierto que el chocolate es adictivo, provoca en mí una reacción de placer como una sensación de estar después de una buena dosis de amor ... o sexo. Ahora entiendo porque tiene propiedades antidepresivas. Llegó un momento en que creí que caería en una sobredosis por la cantidad de chocolate que ingerí en todo el día, pero no fue así. Era exagerada la dosis de chocolate que debía de haber en mi organismo. Me sentía como aquella vez en que me drogaban....

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Hace unos años cuando yo estaba rebelde con mi papá y nuestra relación no era nada buena. Decidió pues llevarme con un psicólogo. Mi prima que es médico dijo - ¡Ah! yo conozco a uno, que es psiquiatra, pero también tiene sus estudios de psicología.
Entonces a mi papá se le hizo fácil mandarme con él y para colmo cobraba re-caro el wey.
Recuerdo que las sesiones eran de lo más harto aburridas y tediosas que ustedes puedan imaginar, y yo no ponía atención de lo que decía el tipo porque él era viejo y aburrido. Todo iba bien, o más o menos bien, en lo que cabe porque aprendí después de varias sesiones a ponerme en un estado de trance muy alto y mi cabeza sólo asentía mecánicamente a sus preguntas mientras yo desenmarañaba otras cosas en mi mente y volaba fuera de su consultorio.
Une vez el doc tuvo la fantástica (pfff) idea de hacer una terapia junto con mi mamá y mi papá. ¡No, no, no, no! ¡Error! Mi mamá le dijo al doc que yo sufría de insomnio, que a veces me deprimía, que hacía esto y hacía el otro y así. Mi papá también empezó a meter su cuchara. Y ahí empezó todo. Lo del insomnio era cierto, pero lo de las depresiones fueron sólo algunas etapas de mi vida, y en ese momento pasaba por una decpción amorosa, pero bueh... eso ya había sido hace muuucho tiempo, pero ellos lo maximizaron todo mal plan.
Entonces lo que pasó después es que a partir de ese momento el wey me empezó a medicar. Las pastillas eran muy fuertes, así que me la tenía que tomar junto con alimentos, una al día. Y con esa tenía. Eran tan pero tan fuertes que sólo te las venden con la receta y al final te la sellan atrás con uno de esos sellitos de la Secretaría de Salud, y con tres sellitos ya no te vendían más hasta que llevaras otra receta.
La pastillita esa me apendejaba brutalmente que me dormía luego, pues me
aguangaba todo y prefería estar en cama. Las depresiones volvieron, pero pues ¡obvio! Pinche pastilla me tenía super apagado siempre y me ponía triste y pensaba en pendejada y media y mi mente volaba. El doc me recomendaba salir a caminar en las tardes, pero ni madres los hacía porque aparte con la droga que me daba ni ganas me tenía de hacer algo, menos moverme.
Una vez organicé una fiesta en mi casa y ¡uff! estuvo buenísima, pero todo el malibú con jugo de piña (aparte bien fresa) que me tomé se cruzó con el medicamento, porque me sentía horrible en la noche, no quise decirle a nadie para que no se preocuparan así que me fui a acostar a mi cuarto. Sudaba frío, me dolía la cabeza, me sentía mareadísimo, tenía naúseas y no, no no, era bien feo. Tuve pesadillas, ¡juro que vi que la virgencita! ¡y que me hablaba! ¡No, no, no! y al otro día mi cuerpo temblaba bien feo. Y así todo todo
crudo-tembloroso-dopado me tuve que poner a hacer el aseo de la casa.
Entonces en ese momento me enojé y dije que ya nunca más volvería a ir con el doctor, y así fue. Eso y aparte que quería ponerme a hacer dibujitos, quería que escribiera historias y esas mamadas que dan un montón de flojera. Y pues ya nunca más volví.
¡Desde ese momento dejé las drogas!
Ahora me basta con sólo chocolate para estar igual